La creencia

Tener una cultura que propicie la innovación no es solo algo excelente para la sustentabilidad de una organización de cualquier tipo y sector, también es algo que tanto los líderes como los colaboradores valoran en gran medida. Las culturas innovadoras generalmente se representan como algo muy divertido en donde puedes experimentar y explotar al máximo nuestras capacidades, en un ambiente relajado y de libertad. De hecho, la creencia convencional es que la innovación exitosa depende de crear y proveer un ambiente en donde exista la disposición a experimentar con una alta tolerancia al fracaso o al error. También es deseable trabajar en un lugar en donde se pueda decir abiertamente lo que se piensa, en un ambiente altamente colaborativo y casi sin jerarquías organizacionales. Un ambiente con esas características suena y se ve maravilloso y ciertamente este tipo de comportamientos suelen traducirse en mejores resultados para la organización………..y sin embargo.

 

La realidad ha demostrado que todo esto no es suficiente, ¿Por qué?

Cada uno de esos altamente deseables comportamientos debe ser contrabalanceado por otros comportamientos que no suelen ser en apariencia tan deseables e incluso pueden ser rechazados por las nuevas generaciones: intolerancia a la incompetencia, disciplina rigurosa, una honestidad extrema, un alto nivel de responsabilidad personal por resultados y un liderazgo fuerte. La siguiente ilustración sintetiza este balance de características:

El rol del líder

Una cultura de innovación puede generar tensiones que deben ser manejadas cuidadosamente. La incertidumbre y la confusión deben ser disipadas con firmeza y transparencia. La gente que no se adapte debe ser removida. Debe resistirse a la tentación de tomar atajos en el cambio cultural.

Corolario

Todos los cambios culturales son difíciles. Las culturas organizacionales son como contratos sociales que especifican las reglas de la membresía. Cuando los líderes se proponen cambiar la cultura de una organización, en cierto sentido están rompiendo un contrato social. No debería sorprender, entonces, que muchas personas dentro de una organización, particularmente aquellas que prosperan bajo las reglas existentes, se resistan.